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Canelones: las ollas y los merenderos no disminuyeron tras la pandemia

"Creímos que luego de la pandemia desaparecerían, pero lamentablemente esto no fue así" dijo la Directora General de Desarrollo Humano, Gabriela Garrido.




La Intendencia de Canelones lleva adelante el programa “Barrio a barrio”, apoyando a los merenderos del departamento. Recientemente se realizó una entrega de juguetes y materiales en el merendero Los Unidos, ubicado en la ciudad de Las Piedras. Allí se lleva adelante un programa de promoción de derechos junto al colectivo América Solidaria. Participaron de la actividad el Intendente de Canelones en funciones, Marcelo Metediera, la Directora General de Desarrollo Humano, Prof. Gabriela Garrido, y el Alcalde del Municipio de Las Piedras, Gustavo González.


La Intendencia de Canelones destina más de 40 millones de pesos anuales a la seguridad alimentaria de la población canaria, atendiendo las necesidades de más de 20 mil personas por mes. La Directora General de Desarrollo Humano, Gabriela Garrido, afirmó que de esta forma se está “garantizando el derecho a la alimentación pero es un derecho que no debería ser vulnerado. Es un derecho que las familias tengan sus trabajos y que puedan sustentarse con ellos y comer en sus casas”.


La Dirección General de Desarrollo Humano apoya los servicios comunitarios de alimentación, que son más de 50 merenderos y 60 ollas en todo el departamento. En el merendero Los Unidos, específicamente, se alimentan más de 200 personas. Garrido puntualizó que la inversión de la intendencia “se concreta en la ayuda a las ollas populares, los servicios de comedor, las meriendas solidarias en la enseñanza media, las tarjetas que les permiten diariamente a 3.000 personas almorzar en los servicios de alimentación de la Intendencia, así como en la entrega de canastas a familias vulnerables que concurren a las distintas oficinas de Desarrollo Humano en los municipios”.


La encargada del merendero Los Unidos, Mariela Roures, sostuvo que prefieren llamarlo refugio más que merendero, “porque refugio implica más cobijo a los chiquilines”. Se trata de un servicio comunitario que tiene tres años de funcionamiento y que abre los lunes, miércoles y viernes con olla popular para adultos e infancias, ofreciendo 158 platos para 23 familias. De lunes a viernes reciben un promedio de 50 niñas, niños y adolescentes de entre dos y 13 años.


Garrido informó que “en Uruguay estamos ante una situación de pobreza extrema en un sector de la población, como lo ha indicado el último censo, que nos muestra que hay una pobreza que ha aumentado y que esa pobreza se concentra sobre todo en las familias con niños, niñas, adolescentes y mujeres a cargo”.


En relación al apoyo de la Intendencia a las ollas populares y merenderos, explicó que no sólo se trata de la entrega de insumos –que se realizan en forma bimensual–, sino que se trabaja con el apoyo de trabajadores sociales, psicólogos y educadores para acompañar los procesos de inclusión e integración de las familias. “Se acompaña también a las grandes protagonistas –que muchas veces son mujeres– de preparar el alimento, de preparar la merienda, como en este caso, que tenemos una referente que ofrece su casa, su patio, su lugar, y que dedica horas de su vida a preparar ese alimento”, indicó la jerarca.


En esta línea, explicó que las ollas populares y los merenderos son “un proceso que nació con la pandemia y que no disminuyó. Creímos que luego de la pandemia iba a haber una reactivación económica, que lentamente ollas y merenderos desaparecerían, pero lamentablemente esto no fue así y en Canelones seguimos atendiendo más de 50 merenderos y 60 ollas. No funcionan todos los días; algunas ollas funcionan una, dos o tres veces por semana, depende de las posibilidades de las familias que las preparan. Funcionan con más regularidad los merenderos y ahora en las vacaciones se incrementa la cantidad de niños que asisten”.


Para obtener el apoyo de la Intendencia, las familias que llevan adelante ollas populares o merenderos concurren a los municipios, presentan sus servicios comunitarios y un trabajador o trabajadora social del equipo de Desarrollo Humano periódicamente visita los lugares para constatar que efectivamente estén funcionando y que tengan los usuarios que han declarado, para luego enviar los insumos.

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