Catar 2022 y un desastre en derechos humanos y la legitimidad de la FIFA

Desde el 2010, cuando se anunció la sorpresiva elección de Catar como sede de la Copa del Mundo de la FIFA 2022, han pululado las dudas y los informes de derechos humanos.



Ahora sabemos que esa elección, igual que la del Mundial en Rusia, estuvo definida por actos de corrupción, cientos de millones de dólares que se intercambiaron y otras formas de presión indirecta, como la firma de contratos multimillonarios de defensa estatal entre Catar y Francia cuando la influencia de Michel Platini era determinante.


El resultado es que la FIFA está desprestigiada, la fanaticada del fútbol mundial se encuentra en una encrucijada y Catar hará su Mundial, demostrando que el dinero prima sobre los derechos humanos.

Estos son los datos: según retoma Vice UK, 15 de los 22 ejecutivos de la FIFA que votaron por Catar en 2010 han enfrentado procesos penales. Ahora sabemos que Mohammed Bin Hammam, magnate de la construcción catarí, hizo pagos ilícitos por 880 millones de libras esterlinas a varias asociaciones nacionales de fútbol. Hace poco, en un mea culpa poco convincente, Sepp Blatter, entonces presidente de la FIFA, contó: “Gracias a los cuatro votos de Michel Platini, la Copa el Mundo fue para Catar y no para Estados Unidos. Seis meses después, Catar pagó US$ 14.600 millones por aviones de combate franceses”.

Lo que empezó mal siguió mal. Una investigación de The Guardian encontró en 2021 que cerca de 6.500 trabajadores migrantes murieron en Catar. Después de la presión internacional, el país cambió una regulación que permitía decomisar los pasaportes de los trabajadores migrantes y los sometía a condiciones laborales nefastas; sin embargo, el daño ya estaba hecho.


Para completar, Human Rights Watch acaba de publicar un informe con hallazgos muy preocupantes en cuanto a derechos LGBT. La organización “documentó seis casos de golpizas severas y repetidas por parte de la policía y cinco casos de acoso sexual entre 2019 y 2022. Las fuerzas de seguridad arrestaron a las personas en lugares públicos con base únicamente en su expresión de género. Como requisito para su liberación, obligaron a las mujeres transgénero a someterse a terapias de conversión”. También hay relatos de una prisión donde los funcionarios del Estado patean y golpean a las personas LGBT que detienen. Esto, en el país que supuestamente les dará la bienvenida a los fanáticos LGBT de todo el mundo. El Código Penal en Catar todavía establece una pena de prisión de siete años por tener relaciones con personas del mismo sexo.

Por más que las directivas del fútbol mundial repitan hasta el cansancio que la Copa del Mundo es un momento de unión que trasciende la política, la realidad es que el fútbol siempre ha sido político; su poder de atracción se ha usado para ocultar situaciones aberrantes. Catar es la muestra, pero está lejos de ser el único caso. Media década después de los escándalos de la FIFA, poco parece haber cambiado.



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