Elecciones en Colombia.

Analizando el camino electoral de nuestra querida hermana República de Colombia.

Y habiendo vivido y recorrido sus calles desde Bogotá a Cartagena, de San José del Guaviare a Jamundí y de Cali a Medellín.

Del Magdalena Medio a Urabá del Quindío a Santa Marta.

Supimos acompañar y caminar con el pueblo colombiano diversos momentos históricos de la Gran Colombia.


Hecho que me posiciona a poder hacer un análisis básico humildemente de lo que hoy se prepara el pueblo colombiano para vivir en su contexto de sociedad y política en estas elecciones 2022.



La elección presidencial de Colombia de 2022 se celebrará el 29 de mayo de 2022, y en ella se escogerán al presidente y vicepresidente del país para el periodo 2022-2026. La fórmula ganadora deberá obtener la mitad más uno del total de votos válidos, de lo contrario se realizará el 19 de junio de 2022 una segunda vuelta entre los dos candidatos con mayor votación. El candidato que obtenga la victoria gobernará por un periodo de cuatro años.


Nunca me tocó en diferentes procesos electorales ver tantos candidatos y con tan pocas propuestas concretas.Ninguno presenta un programa de gobierno.


Recurren a lugares comunes, de todo tipo, sin compromisos ni claridad en las ideas. Eso sí, todos aterrizan en lo mismo: gasto y más gasto público.

Existe una mínima excepción, los candidatos coinciden en proponer con carácter urgente una nueva reforma tributaria.

Y como eje único es derogar las reformas aprobadas en 2019 y 2021.


Por ahora las propuestas que hasta ahora he escuchado vuelven sobre las mismas recetas.


En primer lugar,todos los candidatos, incluidos quienes dicen representar a los sectores empresariales, proponen el impuesto al patrimonio.


También he escuchado voces que proponen incrementar aún más el impuesto sobre la renta, que hoy es del 35 % para las empresas y hasta el 40 % para las personas físicas . ¿Hasta dónde proponen elevar estas tasas?


También he escuchado propuestas de confiscación en materia de impuesto y de tributos departamentales. En Colombia, la condición de propietario de cualquier cosa se ha convertido en motivo de sanción económica y social.


Pero, eso sí, nadie se mete con el poder bajar IVA, que es una de las principales recomendaciones para mejorar la economía que asesores internacionales han realizado y donde la tributación Colombia.


Lo que brilla por su ausencia y nadie ha mencionado en los debates es que Colombia tiene una de las tasas más altas de tributación del mundo, que oscila entre el 50 y el 80 % en algunos casos.


Tampoco he visto propuestas para seguir atacando el contrabando, que representa, mal contados, 15 billones anuales de dólares. ¿Cuáles son, además, las recetas para atacar la informalidad? ¿Y qué van a hacer para evitar que siga siendo más atractivo invertir y producir en el extranjero que hacerlo en el país?


Frente a propuestas politiqueras, valdría la pena que los representantes del sector sindical, productivo y del empresariado dijeran algo y claramente tomarán una posición. Muchos se arrepentirán de no hacerlo a tiempo.


En marzo se elegirá el Congreso que gestionará y aprobará las nuevas reformas. Pero lo que estamos viendo en materia de propuestas tributarias constituye un muy mal augurio para abordar otros temas como las reformas de las jubilaciones y pensiones como la reforma laboral, entre muchas otras.

Se pueden imaginar lo que serán estos temas en debates en un Congreso de mayorías afines a estos propósitos.


Lo cierto aquí es que mientras pregonan a los cuatro vientos fórmulas mágicas orientadas a acabar con ‘todos los males’ de la patria.


Los candidatos a la presidencia parecen haber olvidado incluir en sus discusiones un interrogante que urgen respuestas de fondo: ¿cómo poner freno, de una buena vez, a la inseguridad jurídica derivada del sinnúmero de iniciativas de origen parlamentario que se vienen radicando en el seno del Congreso de la República de Colombia y que, algunas de ellas, ya están haciendo mella en la productividad de buena parte de las empresas del país?


Desafortunadamente, la problemática de orientación política confusa en lo económico desde la actual presidencia es lo que está convirtiendo en el mejor abono para acrecentar la profunda crisis que hoy por hoy afrontan tanto la democracia como la política en Colombia.


Crisis que hay que decirlo sin ambigüedades es el resultado de un Estado paralizado, incapaz de sacar adelante las reformas que necesita el país.


Qué mejor coyuntura está, entonces, para que el próximo presidente se juegue a fondo por una reforma encaminada a racionalizar el trámite de las iniciativas legislativas, en pro de evitar, justamente, este torrente de proyectos de ley, tan nocivos como inoperantes.


Solo así, con una reingeniería estructural , será posible mitigar la inseguridad jurídica que por estos días sigue luciendo como una de las enemigas de la reactivación económica.


Creo que los candidatos a la presidencia de Colombia deberían interpretar que el país se apresta a vivir un cambio histórico.


En manos de quien salga elegido para dirigir los destinos de la nación estará ante una oportunidad de oro encauzada a renovar las viejas y, en ocasiones, no muy saludables prácticas del Congreso de la República de Colombia.


Así pues(modismo típico de hablar en Colombia), su responsabilidad será de dimensiones colosales: superar la crisis que día a día desdibuja la esencia de la política y menoscaba el espíritu de la democracia Colombiana.



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