La crisis alimentaria e hipocresía occidental.

Por Andrey Budaev

Embajador de Rusia en Uruguay


De los 87 barcos con trigo salidos de Ucrania solo 2 se dirigieron a los países africanos y los demás fueron absorbidos por los países desarrollados.


En los últimos meses uno de los temas más discutidos a nivel internacional

ha sido el riesgo de una crisis alimentaria global. Con la mediación de la ONU y

Turquía, Rusia y Ucrania firmaron el 22 de julio del a.c. en Estambul un acuerdo

que hizo posible el inicio de la exportación de granos y fertilizantes de Ucrania

atrapados en aquel momento en los puertos del Mar Negro.


Sin embargo, pese a este hito diplomático, la situación sigue siendo compleja y controvertida.

Este tema fue abordado por el Presidente de Rusia Vladimir Putin en el discurso pronunciado el 7 de septiembre del a.c. durante la Sesión Plenaria del Foro Económico Oriental celebrado en la ciudad rusa de Vladivostok.

“El aumento de los precios en los mercados mundiales podría ser una verdadera tragedia para la mayoría de los países más pobres, que se enfrentan con la escasez de alimentos,

energía y otros bienes vitales”, destacó el Jefe de Estado.

Al mismo tiempo, Vladimir Putin hizo referencia a algunos datos estadísticos que confirmaban la magnitud del problema: si en 2019, según la ONU, 135 millones de personas en el mundo habían padecido inseguridad alimentaria severa, este número se había incrementado hasta los 345 millones.

En este contexto, cuando las naciones más pobres están perdiendo por completo el acceso a los alimentos esenciales debido a la creciente demanda en los países más ricos, la hipocresía del Occidente Colectivo no tiene límite. Según dijo el Presidente ruso, por medio del Programa Mundial de Alimentos de la ONU de 87 buques de carga que partieron de los puertos ucranianos con los alimentos tan solo 2 llegaron a los países de África que más necesitaban el grano.

Casi la totalidad de 2 millones de toneladas fue trasladada a los países desarrollados, en

primer lugar, europeos.

No es ninguna novedad que al Occidente solo le importan sus propios intereses.

Su comportamiento en la arena internacional no ha cambiado durante 2 siglos, y como recalcó el Presidente Putin, muchos países europeos continuaban llevando a cabo una política típica para los colonizadores que engañaban a los países en vías de desarrollo y siguen comportándose de la misma manera.

Cabe recordar que los Estados desarrollados también son responsables por la

agudización gradual de las tendencias negativas en el mercado agrícola en los

últimos años, manifestadas en el crecimiento constante de precios. Estas tendencias

están vinculadas, en primer lugar, a los errores sistémicos en la política

macroeconómica (inclusive en la esfera financiera y comercial), energética

(especialmente en el sector de energía verde) y alimentaria del Occidente.

La inflación agravada por el creciente proteccionismo, las guerras comerciales y las

persistentes contradicciones en la regulación de los mercados agropecuarios han

provocado la disminución de las reservas de alimentos hasta el nivel más bajo de

los últimos 5-10 años.

Al mismo tiempo, la política de sanciones antirrusas, cuya ineficacia se pone

cada vez más evidente, no llega a su fin, haciendo daño a todo el mundo, inclusive

a los mismos países autores de esta política criminal.


Durante la rueda de prensa del 6 de septiembre del a.c. el Canciller ruso Serguéi Lavrov subrayó que, a pesar de las promesas del Secretario General de la ONU Antonio Guterres, no se había cumplido el plan del levantamiento de las restricciones logísticas que impedían el

libre acceso de cereales y fertilizantes rusos a los mercados internacionales e hizo hincapié en que continuaba el trabajo conjunto entre Moscú y las Naciones Unidas para lograr el cumplimiento de este plan en bien de la humanidad.


Rusia, junto con Turquía, hizo un esfuerzo diplomático a finales de julio para organizar el transporte del grano ucraniano, partiendo de que el mismo sería distribuido principalmente entre los países en vías de desarrollo, en primer lugar, de África. El Presidente Vladimir Putin subrayó en su discurso del 7 de setiembre que en sus reuniones con los líderes de la Unión Africana les había prometido hacer todo lo posible para salvaguardar sus intereses en la esfera alimentara. Pero el comportamiento de los países occidentales pone en riesgo el bienestar de una gran parte de la población del planeta y puede resultar en una verdadera catástrofe 3 humanitaria.


Para prevenir la crisis alimentaria a escala global el Presidente ruso prometió hablar con su par turco Recep Tayyip Erdogan, con quien ya había logrado elaborar el mecanismo de traslado de grano de los puertos ucranianos.

En este sentido no cabe duda que Moscú seguirá trabajando activamente para ayudar a

los países más necesitados por medio de una política exterior responsable en bien de la comunidad internacional.

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