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La lucha política y el rol de los medios de comunicación



Hoy abordaremos el tema de la comunicación y el rol que juegan los medios en la generación de opinión pública en un escenario de disputas y luchas que discurren más allá de las fronteras geográficas de los países.


En los procesos de acumulación no existe la asepsia política. Somos seres políticos y tomamos decisiones políticas. Nuestras ideas cobran vida en la práctica política, y sobre todo en la cotidianeidad de la lucha.


En consecuencia, es muy importante concebir la articulación socio-política desde una perspectiva internacionalista, promoviendo y estimulando la cooperación y la coordinación de acciones conjuntas. La visión humanista de la sociedad, nos anima a combatir la injusticia, la desigualdad y toda forma de discriminación, en cada uno de nuestros países.


Son valores irrenunciables de una visión común a nivel regional, sobre todo en América Latina porque nuestros pueblos tienen problemas comunes, y si bien es cierto que hay distintas urgencias e intereses diversos, es nuestra propia identidad latinoamericana la que nos debe alentar a avanzar desde una perspectiva transformadora de la realidad.


El fortalecimiento de la soberanía de nuestras naciones, la democratización de la sociedad, la integración y cooperación regional (económica, social y cultural), la lucha contra el narcotráfico, una agenda social común, la autodeterminación, la no intervención, el diálogo y la solidaridad, son aspectos que nos encuentran a partidos políticos y organizaciones sociales en un recorrido común desde tiempos pretéritos.


En ese contexto, debemos considerar el rol que cumplen los medios de comunicación en todos estos escenarios en los que transcurre la lucha política, que trasciende los límites entre países, en un mundo globalizado.


El abordaje de este tema es central, porque el escenario mediático es decisivo en la generación de opinión pública.


Por eso es imprescindible desarrollar una política comunicacional con perspectiva estratégica, con una participación activa de los medios públicos, y desarrollando medios propios institucionales, para generar una comunicación de ida y vuelta con la población. 

La construcción de una sociedad de la Información que garantice la libertad de expresión y pensamiento, el derecho a informarse y la lucha por la independencia tecnológica, son elementos centrales para una política comunicacional.


Todos los días vemos actores que desde el ejercicio de su profesión predican la neutralidad y la objetividad de la información, cuando se reivindica el periodismo independiente, libre de ideologías y equidistante de todos los partidos políticos. 


Esta visión romántica de la comunicación contrasta con la vida real, porque permanentemente asistimos a la construcción de relatos que alteran drásticamente los factores emocionales sobre los que las personas sustentan sus valores, sus prejuicios, sus creencias, sus hábitos y sus patrones de comportamiento.


El espectáculo concebido como una relación social entre las personas que interactúan entre sí, mediadas en forma permanente por imágenes asociadas al relato que se quiere imponer, es un medio para incidir en el juicio y las conductas de las personas. 


Corren tiempos en los que la manipulación de la información impera y se utilizan los medios como un poderoso mecanismo de dominación cultural. La comunicación visual, al influjo del concepto multimedia y del uso de las tecnologías de la información y comunicación, adquiere una dimensión inmensurable, en donde la persuasión es colectiva y la percepción se multiplica por miles.


Los medios masivos de comunicación, transformados en influyentes actores políticos y formadores de opinión, descargan toda su parafernalia para incidir en la batalla cultural. 

La repetición constante de informaciones tendenciosas y de acusaciones sin fundamento, terminan por vencer la resistencia del receptor del mensaje y así como en Uruguay, durante el último gobierno del Frente Amplio, la mayoría de los medios crearon una atmósfera que generó la percepción de una crisis económica que no existía, y manijearon a la gente con la inseguridad, como si fuera un fenómeno exclusivo de nuestro país, lo mismo ocurrió en otros países del continente para imponer condiciones políticas, sociales y económicas en el camino de la restauración conservadora.


En ese contexto, las visiones neutrales son estériles. En todo caso, los medios y periodistas independientes que en aras de la neutralidad, comunican sin comprometerse o lo que es peor, hacen gala de una impronta catoniana y se arrogan una pretendida independencia para juzgar los hechos, también son funcionales al poder hegemónico.


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