Salud mental, alerta ROJA en los adolescentes.

Muy a menudo nos llegan de amigos,conocidos y la propia familia situaciones de problemas en salud mental en nuestros jóvenes. En ese contexto deberíamos hacernos la pregunta si el desarrollo adolescente va bien, sobre todo cuando surgen alteraciones, disrupciones transitorias o instaladas en el funcionamiento del joven, conductas llamativas o desajustadas, pérdida de intereses, cambios de humor;muchas veces sucede que tenemos dudas acerca de si solicitar o no una evaluación en salud mental y a quién.

Uruguay cuenta desde el 2017 con la Ley de Salud Mental 19.529. En el año 2020 se aprobó un plan de salud mental que se extiende hasta el 2027. Dicho plan tiene el cometido de hacer cumplir la ley e instrumentar políticas públicas que garanticen el derecho a la salud de toda la población. Al día de hoy van cinco años sin presupuesto y la comisión que debe vigilar la implementación del plan de salud desde el 2021 no funciona. Esto demuestra la displicencia y por momentos falta de interés político en dar cabal solución a los temas que avanzan gravemente pero como sociedad no los tenemos en nuestro gran debe. Bueno quizás al menos eso le sucede a los que creen que poniendo una ley ya es suficiente. La voluntad final indefectiblemente muchas veces termina consolidándose con recursos económicos que son indispensables,como es este caso. Y obviamente los más vulnerables por situación de contexto personal o familiar crítico terminan quedando excluidos de la atención de salud. A su vez todos sabemos que la etapa de la adolescencia es un periodo crucial para el desarrollo de los hábitos sociales y emocionales de una persona a lo largo de su vida. Es una etapa única comprendida entre los 10 y los 19 años, en la que se experimentan los mayores cambios físicos, emocionales y sociales. La salud mental, a diferencia de la salud física, es más imprecisa, intangible, y de valoración subjetiva, requiriendo un dispositivo de atención que abarque al adolescente y también a sus vínculos más significativos. En ese sentido, los adolescentes que están expuestos a factores de riesgo como la pobreza, la violencia o las malas experiencias son más vulnerables y tienen más probabilidades de desarrollar problemas de salud mental. Pero también existen otros factores de riesgo relacionados con el día a día: la presión por pertenecer a un grupo de amigos y querer encajar; tener mayor acceso a la tecnología (y, como consecuencia, a la sobreinformación), la frustración que genera la discrepancia entre la realidad y “lo que debería ser”, los enfrentamientos familiares en casa, sufrir acoso escolar y no saber cómo o a quién pedir ayuda. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la mitad de los


trastornos mentales comienzan a los 14 años o antes. De hecho, entre el 30% y el 40% de los adolescentes experimentan trastornos mentales, pero no se diagnostican ni se tratan. No abordarlos tiene consecuencias porque pueden extenderse hasta la edad adulta. Existen una serie de trastornos que son más comunes en la infancia y en la adolescencia que en la vida adulta. Se clasifican como “trastornos emocionales” e impiden que las personas lleven una vida normal, dificultando la gestión de los sentimientos, los pensamientos, el comportamiento y las relaciones personales.

A nivel mundial y no escapa a Uruguay, la depresión es la cuarta causa principal de enfermedad entre los adolescentes y la ansiedad, la novena, según afirma la OMS. Padecer estos trastornos puede provocar que los jóvenes se aíslen, afectar a sus relaciones familiares y sociales y perjudicar el rendimiento académico.

En el peor de los casos, ese aislamiento y sentimiento de soledad pueden incluso llevar al suicidio: la tercera causa de muerte para nuestros jóvenes de entre 15 y 24 años. Además de la depresión y la ansiedad, los trastornos emocionales más comunes en la adolescencia son los trastornos de conducta, que afectan al comportamiento. El más común es el Trastorno Negativista Desafiante (TND), cuando el adolescente se muestra muy irritable y desafiante, incumple las normas e incluso puede adoptar una actitud agresiva.


En algunos casos, para evadirse y buscar refugio, los adolescentes empiezan a abusar de sustancias como el alcohol o las drogas, lo que podría derivar en una adicción. Aun así, las adicciones han evolucionado más allá de estas sustancias y los expertos alertan sobre nuevas formas de dependencia. La adicción a los videojuegos, por ejemplo, empieza a preocupar cada vez más a los expertos y ha sido incluida dentro de la Clasificación Internacional de Enfermedades. Uruguay no es ajeno a la problemática de la salud mental en general y en la juventud en particular. De hecho, los tres problemas prioritarios de salud identificados por el Programa Nacional de Salud de la Adolescencia y la Juventud del Ministerio de Salud Pública (MSP), se asocian de forma más o menos directa a la salud mental: problemas nutricionales, salud mental en general e intentos de autoeliminación (IAE) en particular y alcoholismo (MSP, 2019). La Encuesta Nacional de Adolescencia y Juventud , releva información sobre algunos aspectos de atención de la salud mental en jóvenes de 12 a 29 años de localidades de 5.000 y más habitantes. El porcentaje de los adolescentes y jóvenes urbanos que consultaron al psicólogo y/o psiquiatra crece. Entre los 12 y los 14 años se da el porcentaje mayor de quienes consultan, uno de cada cinco en 2021. Es posible que el incremento de quienes consultan se deba a un mayor acceso a servicios de atención en el periodo. Por otra parte, las mujeres consultan más que los varones en ambas mediciones. Uruguay tiene actualmente una tasa de suicidio de 20,6 cada 100.000 habitantes, una de las más elevadas de América junto con las que registran Cuba y las


Guyanas. Este valor lo ubica por encima de Argentina, Chile, Colombia, Estados Unidos y Canadá.

Otro de los grupos de trastornos más comunes en la adolescencia son los Trastornos de la conducta alimentaria (TCA), que han aumentado de manera considerable en los últimos tiempos. Las personas que padecen un TCA tienen una imagen distorsionada de su imagen, se obsesionan con su peso y alteran su comportamiento con la alimentación. Los TCA más frecuentes en la adolescencia son la anorexia nerviosa, cuando la persona reduce drásticamente la ingesta de alimentos; la bulimia nerviosa, cuando la persona se da atracones y luego intenta compensarlos con vómitos provocados; y el llamado “trastorno de atracón”, que se caracteriza por darse atracones que luego van acompañados de sentimientos de fracaso y tristeza. Actualmente, las redes sociales y la presión estética tienen un gran peso en este tipo de trastornos. Desafortunadamente, los jóvenes están sobreexpuestos a la imagen y a unos cánones de belleza que no siempre concuerdan con la realidad.

Frente a esta situación, las políticas públicas deben animar a los profesionales de la salud y al entorno de cada joven (familiares, amigos, docentes) a ayudar a los adolescentes fomentando las habilidades sociales, aumentando la autoconfianza y la capacidad de resolver problemas para prevenir algunos trastornos de salud mental.

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